miércoles, 2 de septiembre de 2009

Óxido sobre el recuerdo

“El tiempo acaba siempre borrando las heridas. El tiempo es una lluvia paciente y amarilla que apaga poco a poco los fuegos más violentos. Pero hay hogueras que arden bajo la tierra, grietas de la memoria tan secas y profundas que ni siquiera el diluvio de la muerte bastaría tal vez para borrarlas. Uno trata de acostumbrarse a convivir con ellas, amontona silencios y óxido encima del recuerdo y, cuando cree que ya todo lo ha olvidado, basta una simple carta, una fotografía, para que salte en mil pedazos la lámina del hielo del olvido”.


Hace unos días leyendo este pasaje de “La lluvia amarilla” (Julio Llamazares), recuperé de la memoria muchísimos recuerdos, quizá demasiados. Si no el más bonito, si el más nostálgico fue el recuerdo de la infancia. Recordé las noches en las que entraba en sueños acompañado de la voz de mi padre.

Mientras mi madre daba la bienvenida a la noche viendo películas (mayormente de serie b), tradición que años después continúa su hijo, yo me acercaba a la habitación donde dormía mi padre y le pedía permiso para dormir con el. El me lo daba… aunque sabía que buscaba algo más que su compañía… sus historias...

Recuerdo muchísimas historias: personajes extraños y terribles que deambulaban por las calles de nuestro pueblo, tradiciones antiguas de sentido actual, anécdotas familiares, etc… pero quizá las que recuerdo con mayor frescura son las historias de héroes. Seres prodigiosos, mágicos, fuertes e inmortales que volaban a lomos de sus oscuros y poderosos caballos camino de una enorme tierra plateada: la luna.

Recuerdo un casete que mi padre guardaba en “su cajón” y que todavía conserva. Un casete que nos acompañaba en la mayoría de las noches de relatos. Recuerdo una voz áspera, dura, de acento marcado, que nos mandaba un mensaje, un mensaje muy importante, un mensaje que todos debían escuchar... era la voz del gran líder de los héroes.

Mi padre la puso una noche, y otra, y otra… así hasta que quedó grabada en mi cabecita repleta de magos, duendes y demás fantasías. Nunca la olvidé.

Con el tiempo supe que el mensaje era cierto, que el gran líder de los héroes realmente existió y que su mensaje ha perdurado en el tiempo con la misma fuerza con la que se originó…

En un tiempo muy lejano existió una tierra...



To be continued…

2 comentarios:

  1. ¿Qué ocurre cuando nos adentramos en las tinieblas de nuestro pasado y desempolvamos tantos recuedos?
    Realmente, ¿estamos preparados para hacerlo?

    Recordar la primera vez que montamos en bici, el primer compañero de cole, nuestra primera excursión, el primer beso que nos robaron...son tantos los recuerdos que pueden aflorar que a veces sentimos miedo de quitar ese óxido porque también podemos cruzar aquella puerta que por alguna circunstancia cerramos una vez y debió quedar sellada para siempre.
    Y cuando eso ocurre ¿somos capaces de afrontar lo que puede resurgir tras ella?

    Deseo que el óxido no haya manchado vuestro pasado porque los recuerdos, cuando son tan bonitos como los de la historia que aquí se cuenta, siempre deben caminar junto a nosotros para enriquecer nuestro futuro.

    Un saludo,

    ResponderEliminar
  2. Dicen…“lo que no mata engorda” y en los recuerdos pasa un poco igual. Como bien dices hay recuerdos que te acompañan toda tu vida y estos te enriquecen. Ahora, luego hay recuerdos de esos que uno preferiría no recordar pero a los que inevitablemente tienes que verle la cara todos los días.

    Una de las características del óxido es que no hay forma de quitarlo. Podrás darle una capita de pintura o colocarlo boca abajo para que no se vea y así disimularlo un poquito, pero tarde o temprano acabará por aparecer de nuevo, incluso puede que con mayor fuerza. Creo que la única opción es acostumbrarte a él, asumir que está ahí y que siempre va a estar.

    Saludos Flor de Lis

    ResponderEliminar