De noche todos los gatos son pardos...
Desde pequeños nos han inculcado ese temor por la noche, temor heredado a través de múltiples generaciones desde que nuestros antepasados se vieran obligados a rodearse de hogueras para ahuyentar a las bestias de la noche. Vampiros afeminados, hombres lobo con abrigo, ratas de alta cocina, hombres con saco (reciclable), destripadores ambulantes, brujas de D&G, la santa compaña, drogadictos sin conexión, violadores sin vocación y putas... casi somos más de noche que de día.

Entre sombras todo parece distinto, todo adquiere otro matiz, otro olor, otro carácter, incluso precisa de otra atención... un cielo estrellado, una luna menguante, el susurro de los grillos, luz artificial para alumbrar lo bello, esconder lo feo y disimular las vergüenzas perfilando éstas con sombras duras y rectas... ruido de restaurantes, disputas de gatos, luces de neón, la espuma blanca del mar, tintineos de hielo y cristal, fondo de tacones, doblar la esquina, viajar en coche, el suave tacto de un perfume caro, esperar un semáforo, poner la radio, la inquieta danza del fuego, abrir un libro, susurrar entre cortinas, perseguir una melodía, dar un beso, recibirlo, hincar los codos, sirenas con prisas, sirenas con faldas, pedir la carta, ponerse un abrigo, girar un disco de pizarra, conversar, escribir...
Entre sombras todo parece distinto, todo adquiere otro matiz, otro olor, otro carácter, incluso...

No hay comentarios:
Publicar un comentario