No daba nada por hecho, aunque tampoco por muerto. Según cuentan decía que la vida era un cúmulo de sorpresas, cual de ellas más amarga. Que los sueños eran dulces, que las sábanas su cobijo, y sin escudos ni banderas tenía su voz como abrigo.
Dicen que un día no trasnochó, que de las hadas se cansó, que agarró su reloj de bolsillo y en una sombra esperó.

Probablemente no valiera la pena, sus mismos sueños eran su condena. Solo faltaban cinco minutos, no se escuchaba ni un susurro, en un lugar tan oscuro, estaría de más cualquier luto. La manecilla avanzó, la cadena soltó, eran las doce de la noche, momento de decir adiós.

Gracias por actualizar!!!! Un besazo!!!
ResponderEliminargracias a ti ;)
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