El paso de los días le hacían sentir más sola, vieja e inútil que en cualquier lugar de este mundo. Sencillamente no había nada que hacer.
Había sido raptada, ¡eso era! ¡raptada!. No es normal que te levantes un sábado por la mañana y al tiempo que te diriges a la cocina a desayunar te encuentres tu maleta en la calle. Muchas preguntas, pocas respuestas, ¿pocas? ¡ninguna!. Nos vamos, punto.
Su padre era así, serio, discreto, testarudo y de pocas palabras. Un alma solitaria que hacía más de diez años que navegaba sin rumbo en este mar de encuentros, problemas y despedidas que es la vida. Un pirata solitario, sin barco, sin tripulación, sin carisma, sin isla, sin tesoro que conquistar…
Leica recordaba con nostalgia los días en que su padre la acompañaba a pasear en bici, a comer al parque, a leer en la biblioteca, a ensuciarse al descampado, a soñar al cine… Su padre fue una persona substancial en su infancia, el ser que le mostró el mundo exterior tal y como el lo conocía, con sus desgracias y bendiciones.
También recordaba el momento exacto en el que todo acabó: la marcha de su madre. Si su padre le mostró la corteza del fruto de la vida, su madre le enseñó a sacar su jugo. Le mostró lo divertido y a la vez complicado que puede resultar conocer a las personas de tu entorno. Jugaban a adivinar secretos sobre ellas. Secretos que nunca se contaban pero que poquito a poco conocían. ¡Nada de preguntas! Hablaban, jugaban y sobre todo escuchaban. Fueron muchas las veces en que le recordó la importancia de escuchar.
- Leica algún día serás mayor, como mamá. Saldrás fuera, lejos…
- ¿Cuánto de lejos?
- Muy lejos Leica.
- ¿Mamá pero tú vendrás?
- Mamá siempre estará contigo Leica, pero tendrás que escuchar.
- ¡Yo siempre escucho mamá!
- Tendrás que escuchar mucho Leica. Mucho…
Más de diez años hacía de aquello, más de diez años hacía que su madre les dejó a papá y a ella, se desvaneció, les olvidó, desapareció…
Como todos los domingos Leica se levantó temprano, buscó sus gafas azules en la mesita, se calzó sus zapatillas verde manzana y en silencio y en la oscuridad más absoluta se dispuso a invadir la cama de sus padres. Con mucho cuidado abrió la puerta de la habitación y asomó su minúscula cabecita pero no encontró lo que esperaba. Su padre estaba sentado en la cama, cabizbajo, de espaldas a la puerta y con un papel arrugado en las manos. Leica nunca había visto llorar a su padre, tampoco en ese instante, aunque estaba segura de que lo hacía en silencio.
Desde aquello papá cambió, su carácter alegre y franco se volvió gris, hasta el punto que parecía haber abandonado este mundo para vivir únicamente del recuerdo.


La angustia del abandono, de la marcha...Todos tendremos que marcharnos alguna vez, pero cuando alguien se marcha voluntariamente a reiniciar de nuevo su vida...sin mirar atrás...¿qué ocurre con las personas que deja?, esas personas que en silencio ocultan sus sentimientos, que miran sin ver, y tienen que continuar con ese vacío, un vacío que intentarán suplir con otras vivencias, otras experiencias...y sus vidas se verán transformadas...unas veces para bien, otras para mal...pero de alguna manera habrá que empezar de nuevo.
ResponderEliminarUna historia muy bonita, y no menos dramática.
Un saludo,
Estoy completamente de acuerdo contigo.
ResponderEliminarLas personas estamos sometidas a un "tiroteo" continuo por parte de varios factores que pululan en nuestro entorno. Y sin lugar a dudas, uno de los factores más importantes e influyentes son las personas que nos acompañan a lo largo de este camino de baldosas amarillas, como a mi me gusta llamarlo.
Decía en el segundo capítulo: "Un alma solitaria que hacía más de diez años que navegaba sin rumbo en este mar de encuentros, problemas y despedidas que es la vida.". Así es como veo la vida, un mar de encuentros y despedidas.
Quiero y me gusta pensar que tanto los encuentros como los desencuentros se dan con el único fin de que avancemos un poquito más, avanzar en el camino correcto, por supuesto.
Aunque me gusta pensarlo de este modo todos sabemos que esto no es cierto (yo el primero). Muchas personas dejan huella en nuestras vidas, de tal modo que pueden influir de forma determinante incluso modificándola.
Creo que hay que llevar mucho cuidado con esto. Hay momentos en la vida en los que hay que plantearse que nos conviene a nosotros mismos. Tomarnos un respiro observando nuestras acciones desde fuera, examinándolas. Si consideramos que nos hemos equivocado y que todavía podemos arreglarlo, adelante. Si por el contrario creemos que cualquier actuación que hagamos puede influir negativamente en esa persona, nosotros mismos o las personas que tenemos a nuestro alrededor creo que es más justo y acertado tomar un nuevo rumbo.
No anclarnos en el fondo del mar e intentar proponernos nuevos retos.
"Un pirata solitario, sin barco, sin tripulación, sin carisma, sin isla, sin tesoro que conquistar…"